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Dante N. Pino Archondo

La urgencia del cambio de gobierno


2018-08-20 - 19:52:17
Como van las cosas, se escucha decir, Bolivia va camino a ser otra Venezuela, la de Maduro se entiende, quien se mantiene en el Poder a sangre y fuego. Donde la violencia sustituye a la ley y, la voluntad del dictador a la democracia. Esta realidad venezolana es digna de apoyo y aplauso por parte de Evo Morales. Lo que debe entenderse como esa “línea” de conducta a seguir si acaso la oposición boliviana desafía sus intereses y ambiciones de ser presidente vitalicio.

Y efectivamente así es. El desconocimiento de los resultados del referéndum del 21F con su correlato la imposición de la reelección indefinida en nombre del derecho humano del poderoso para perpetuarse en el poder conlleva la adopción de métodos represores sin límite, esos mismos que hacen de la policía un instrumento dócil para llevar a cabo la sucia tarea de asesinar.

Que el gobierno de Evo Morales esté preparado para confrontar y desatar la violencia generalizada, es una probabilidad muy alta. Sus índices de popularidad disminuyen y la resistencia política a sus afanes por seguir en el gobierno se acrecientan.

La pregunta es qué lo induciría a una nueva aventura sangrienta. La respuesta: no es la crisis económica sino la irresolución de la crisis política que enfrenta. Porque a diferencia de Cuba, Nicaragua y todos aquellos que vivieron por años del petróleo gratuito que les enviaba Chávez, luego Maduro y les permitió gobernar con holgura y ahora tienen que asumir la distinta realidad de tener que ajustar sus gastos, Bolivia no tuvo esa necesidad.

La crisis venezolana significó una explosión para todos estos países que los arrastró como un lodo llevándose toda esa economía ficticia de la que hicieron gala durante más de una década. Es la causa por la que ellos tienen que acudir al uso de la violencia política. Perdieron el sustento petrolero y ahora necesitan reprimir.

La relación boliviana con su similar venezolana tuvo otro tipo de connotaciones, fueron políticas, no económicas. Bolivia no necesitó del petróleo venezolano para ajustar su presupuesto. Esta es la gran diferencia, de ahí que la crisis venezolana no tocó las puertas del proceso boliviano. La necesidad de acudir a la represión violenta en este caso no está, por eso, originada en una crisis económica, sino eminentemente política.

Es cierto que la economía boliviana comienza a mostrar señales cada vez mas acentuadas de inestabilidad económica, por la pérdida de sus ingresos de exportaciones, la carga del gasto por subvenciones a la gasolina y otros derivados, los bonos sociales otorgados en función a la renta petrolera y una deuda externa acrecentada, así como una perdida constante de sus reservas internacionales. En suma, la política económica aplicada no ha tenido los resultados que esperaba el gobierno de cambiar el contenido estructural de una economía mono-productora por otra industrializada.

Lo que hizo en más de una década, ha sido gastar, endeudarse y emprender proyectos con capital estatal en todos los ordenes de la economía, 63 empresas públicas ahora deficitarias que absorben los ingresos del Estado sumados al despilfarro de obras sin sentido han terminado por generar nuevos déficits fiscales y comerciales cuyos efectos se dejan sentir en la disminución de las reservas internacionales.

Este retroceso histórico al que nos ha llevado el modelo social, comunitario y productivo va camino a generar una crisis de dimensiones muy serias. Los bolivianos ya pagamos muy caro la estabilización de la economía luego de veinte años de haber sostenido empresas estatales que significaron, como ahora, un drenaje absurdo de dinero para sostenerlas. Repetir los fracasos es un error que se paga muy caro.

Los pagos de las incautaciones accionarias, bajo el título de nacionalización de las empresas petroleras que capitalizaron YPFB junto con los “costos recuperables” superan los diez mil millones de dólares americanos, nacionalizaciones que no tuvieron nunca razón de ser por las cuales se pagaron estas sumas millonarias. La insistencia de sostener empresas que no tienen mercados ni materias primas o están mal ubicadas, demandan cada año más dinero, solo con el fin de propagandear el retorno del Estado al control de la economía, y hacer política. La utilización millonaria de presupuesto para la represión antes que, para atender las necesidades de la salud y la educación, configura un modelo que camina hacía el mismo despeñadero que ha terminado con esas economías manejadas por el mismo sistema político que tiene Bolivia. Esta es la principal razón por la que Evo Morales debe dejar el gobierno.

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