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Dante N. Pino Archondo

No es antiimperialismo, es negocio


2018-05-23 - 12:36:10
El tamaño de la economía boliviana, su mercado interno y su sistema político, no tienen influencia significativa en sud América. Si restamos las exportaciones de gas al Brasil y la Argentina el comercio exterior boliviano es insignificante, sus importaciones también. Esto significa que Bolivia no tiene presencia efectiva con sus vecinos como para influenciar sus economías.

Dicho esto, podemos comprender el por qué la situación política interna que se vive no es motivo de preocupación internacional. Si tenemos en cuenta lo anecdótico que resulta la figura presidencial boliviana y su filiación antiimperialista podemos afirmar que es todo lo que cuenta para tener algo que decir en función a la visión del hemisferio. Pero resulta que sí hay un elemento cuyas características lo hacen por sí mismo relevante y es el narcotráfico. Variable que tiene una importancia por sus nexos y mecanismos de violencia e influencia en las economías que generan la droga y que la distribuyen.

Se habla todavía en voz baja, independientemente de las notas de prensa que comunican sobre las incautaciones de droga cada vez con mayor intensidad y volumen. Tratar este tema con cautela pareciera que es la regla internacional de los gobiernos de la región. Evitar elevar el tono y ver este asunto entre susurros y declaraciones tibias de lucha contra el narcotráfico resulta para el presidente Morales una excelente forma de pasar inadvertido cuando de droga se trata.

Los titulares de medios están en primera plana para remarcar declaraciones elevadas de tono contra figuras políticas o apoyos a gobiernos que no gozan actualmente de popularidad democrática, pero se apagan o disminuyen la luz cuando se tocan temas relacionados con el narcotráfico. No hay repercusiones internacionales que comiencen a mostrar la verdadera cara de gobiernos relacionados con estas actividades. Y no es que no se tengan indicios sobre lo que viene aconteciendo, al contrario, en Bolivia periodistas dedicados a la investigación, como Carlos Valverde, han escrito libros que contienen pruebas de las afirmaciones que se hacen.

Otras obras como las de Erick Trillo denominada “Hugo Chávez o Espectro” exponen con precisión el puente aéreo de la cocaína en el que detalla el uso que se dio a aviones para hacer escala en Caracas y La Habana, se dice que se enviaba 500 kilos de droga por viaje realizado donde lo únicos pasajeros eran funcionarios bolivianos, venezolanos o iraníes.

Militares bolivianos envían denuncias sobre la forma y método que tiene el gobierno boliviano para nombrar a los Comandantes de Ejercito, quienes previamente deben estar en la Novena División radicada en el Chapare, zona cocalera y fuerte político del presidente Morales, para luego pasar a ser comandantes del Colegio Militar, y luego a la Jefatura del Estado Mayor y al final llegar a ser Comandante de Ejercito. El requisito de estar en el Chapare es el de enseñarle al militar los compromisos que debe sostener en el futuro para operar la única actividad que en esa zona se tiene; la hoja de coca y su derivado la cocaína.

No es, por tanto, el apoyo brindado al presidente Maduro un abrazo ideológico antiimperialista, como parece a primera vista, es en realidad un apoyo al socio con el cual se vienen, hace doce años, haciendo negocios con la droga en aviones y maletas diplomáticas. El puente Bolivia-Venezuela-Cuba tiene una larga historia.

Por eso tratar a los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Cuba como simples dictaduras políticas es un error, son sociedades delincuenciales amparadas en el voto ciudadano y el uso de la política como escudo protector para delinquir. Estos gobiernos no podarán ser derrotados con instrumental democrático como las elecciones, o las invocaciones a respetar las instituciones u órganos de poder, para la mentalidad del narcotraficante tales cuestiones no sirven sino están al servicio del negocio que realizan.

De ahí que las sanciones económicas, financieras y bancarias adoptadas en contra de personas no tengan los efectos esperados. Mientras la comunidad internacional y los gobiernos democráticos se nieguen a ver este asunto como el eje central del problema será muy difícil recuperar la libertad de esos pueblos.

Este cuadro de situación es nuevo, tres países unidos por el narcotráfico y gobernados por actores políticos para administrar sus Estados al servicio de la droga, ha sido el sueño de Pablo Escobar y ha tenido en el comunismo castrista la fuerza para crear y ejecutar un sistema de producción y comercialización bajo el amparo de las relaciones internacionales que les dan soberanía e inmunidad, haciendo burla de la norma para aprovecharse de ella en beneficio de su ilícita actividad.

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