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Álvaro Riveros Tejada

Cumbre borrascosa


2018-04-17 - 18:50:50
Quienes cifraron esperanzas en que la VIII Cumbre de las Américas marcaría una inminente derrota de los EE.UU. deben sentirse profundamente afligidos,ya que dicho evento, antes de constituirse en un ring de boxeo, donde imperialistas vs. marxistas residuales se batirían sin piedad, al igual que en la serie de TV, Rápidos y Furiosos, primó la paz y la serenidad, por abandono de los principales contrincantes.

Por un lado, Donald Trump, advertido por sus servicios de inteligencia sobre varias protestas violentas que se estarían gestando en su contra, prefirió permanecer en Washington haciendo tiro al blanco con Siria y Nicolás Maduro a su vez, fue compelido a permanecer en Caracas platicando con los pajaritos, antes de sufrir un humillante desaire de bienvenida por parte de las autoridades peruanas. Raúl Castro fue eximido de participar en su codiciado papel de árbitro en dicho evento, por su manifiesta parcialidad y por su pronto retiro del escenario político de Cuba.

Para el dictador cubano ya no era posible repetir su triunfo de la cumbre anterior cuando, ante la apremiante situación económica que asfixia a la isla, con las llaves que el Tío Sam le dejó bajo el felpudo, logró abrir las puertas del Imperio cerradas hace 59 años y, mostrando sus mejores dotes de funámbulo, aún sin obtener nada a cambio de parte de Obama, pateó la escalera y dejó a sus aliados colgados de la brocha, cuando éstos pintaban el mundo de Oz comunista que durante medio siglo los hermanos Castro les habían descrito como el paraíso sobre la tierra.

Aún estaba vigente esa parasitaria relación de Cuba con Venezuela, que el decrépito dictador recreaba magníficamente, pues se trataba de la empresa formada entre un vividor pobre y un nuevo rico codicioso, donde el primero ponía la experiencia y el otro el capital; al final de la partida Cuba se quedó con el capital y Venezuela con la más amarga experiencia.

En esta cumbre ya no hubo un premio consuelo para Maduro, como en la anterior, consistente en un apretón de manos y un aparte de diez minutos con el Emperador morocho, acto que lo obnubiló y lo calificó de cordial e histórico. En el acuerdo de 57 puntos aprobados por el compromiso de Lima, especialmente contra la corrupción, sin énfasis en el narcotráfico, EE. UU., a través de su vicepresidente Mike Pence, manifestó que no descansará hasta que se reestablezca la democracia en Venezuela.

En cuanto a Bolivia, las noticias no fueron tan halagüeñas, ya que el bizarro apoyo de S.E. a Maduro fue raudamente opacado por la trompada de uno de sus guardaespaldas en la nariz del corresponsal Ben Bartenstein, de la agencia de noticias estadounidense Bloomberg, cuando trataba de preguntar al mandatario: “por qué estaba participando de la cumbre, cuando su aliado Maduro fue excluido”

De esta forma discurrió el importante evento regional, en medio de caras nuevas y la ausencia de los otrora jerarcas que, como Lula, se resignaban a ver desde la ventana de su celda el desarrollo de esta cumbre borrascosa.

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