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Álvaro Riveros Tejada

De la bota militar, al botín policial


2012-06-29 - 22:52:39

Han transcurrido tres décadas desde que la democracia se entronizó en Bolivia. 30 años en que, salvo uno que otro suceso de relativa gravedad, no se necesitó del concurso de nuestros efectivos militares, al menos durante estos últimos 6 años, que se mantuvieron pacíficamente dentro sus cuarteles horneando pan, pagando una vez al año el bono Juancito Pinto, organizando los desfiles patrios, y usufructuando plácidamente de un presupuesto militar que creció en un 64% desde que el actual gobierno tomó control del poder, haciendo un monto de Bs 808.302.030, según fuente de eju.tv de fecha 17/01/2011.

Echando mano al lenguaje de las estadísticas, generalmente deshumanizado y frío cuando de contabilizar bajas militares se trata, estableceremos que durante estos treinta años, providencialmente no pasaron de una docena los oficiales, sub oficiales, clases o conscriptos que perdieron la vida en el cumplimiento de sus deberes o en medio de acciones violentas que requirieron su concurso, como es el caso de las FF.AA. de países como el colombiano, el israelí y muchos otros que  libran a diario fieros combates en defensa de sus naciones. Por el contrario, estamos a 5 años de jubilar la primera tongada de militares que desde cadetes hasta su actual grado de coroneles nunca conocieron otro sistema de gobierno que no sea el democrático y no necesitan derrocar a nadie, para salvar la patria.

Dicha realidad sin embargo, no condice con la de los oficiales, sub oficiales, clases y conscriptos de la policía  que, sin tener el rango o el mismo nivel salarial que el de sus camaradas de las FF.AA., casi a diario deben enfrentar desde hace treinta años, las zurras que  propinan y se hacen propinar, por parte de los distintos movimientos sociales que deciden manifestar sus protestas mediante bloqueos, marchas y paros a nivel nacional, al margen de sus infaltables encuentros con narcotraficantes, atracadores y todo jaez de alimañas que atentan contra la seguridad ciudadana.

Las relaciones del gobierno con la policía se han ido resquebrajando a raíz de las medidas que éste adoptó contra la institución. Caranavi y Chaparina generaron los primeros roces y, el privarlas de otorgar licencias de conducir y cédulas de identidad, actividades que se habían convertido en focos de corrupción, fueron la gota que colmó el vaso. Tales medidas se agravaron con el nombramiento de un comandante interino y asimilado en flagrante violación a los reglamentos de ese organismo y a cambio sólo recibieron amenazas de despido y baja.

Sería un absurdo oponerse al potenciamiento de nuestras FF.AA., al contrario, ellas deben contar con todo nuestro apoyo, empero, no por ello se debería olvidar el cuidado que merece nuestra principal institución del orden y quizás asimilarla a la primera, como una cuarta fuerza con carácter de guardia nacional con los mismos derechos y deberes que tienen las FF.AA. De esta manera impediríamos a futuro toda divergencia y evitaríamos tal vez, que el país se debata entre la amenaza  de caer entre la bota militar o el botín policial.

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