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Mario Panique Bojanovich

Catarsis en el mejor oficio del mundo


2012-06-08 - 22:38:12

Es de hidalgo admitir que como en toda carrera profesional, en el periodismo, hay también elementos que desempeñan su labor al margen de la ética y la moral. Sea esta la razón o no, de un tiempo a esta parte la prensa mundial viene siendo víctima de múltiples ataques de Presidentes, vicepresidentes, políticos medios, todos a coro como en la OEA, donde el Mandatario ecuatoriano dijo “El peligro de la democracia (…) es el mal periodismo” y para colmo el Papa Benedicto XVI renegó de la prensa. Parece ser que en “el mejor oficio del mundo” los periodistas no estamos respondiendo a los nuevos desafíos.

Quise iniciar con este preámbulo a propósito de un artículo que hace días está circulando en las redes sociales sobre el contenido de un polémico libro del autor Andrew Oítke, de Harvard, del cual se dice que revolucionó los campos de la educación, periodismo y las relaciones sociales en general con su obra “Obesidad Mental”.

Llama la atención la marcada insistencia del autor sobre la actuación de los periodistas y la incidencia del trabajo de “el mejor oficio del mundo”  sobre el comportamiento de la sociedad. La frase (el mejor oficio del mundo) pertenece a Gabriel García Marquez, laureado escritor y periodista colombiano, frase que acuñó en un discurso durante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Los Ángeles, EE.UU., el 7 de octubre 1996. Dicho de otra forma, para el autor de la polémica obra “Obesidad mental” el periodismo actual es el causante de todos los males de la actual sociedad moderna.

En su obra, el catedrático de antropología en Harvard, introdujo el concepto del epígrafe para describir lo que consideraba el peor problema de la sociedad moderna. Continúa, “hace apenas algunas décadas, la humanidad tomó conciencia de los peligros del exceso de gordura física debido a una alimentación sin reglas. Estamos ahora en el momento de notar que nuestros abusos en el campo de la información y el conocimiento están creando problemas tanto o más serios que esos.

La gente, sostiene el autor, se vició de estereotipos, juicios apresurados, pensamientos tacaños y condenas precipitadas. Los cocineros de esta magna “fast food” intelectual son los periodistas y comentaristas, los editores de la información y los filósofos, los argumentistas y realizadores de cine.

Los noticieros y telenovelas son las hamburguesas del espíritu, las revistas y novelas son los donuts de la imaginación. Dice también, que con una alimentación intelectual cargada de adrenalina, romance violencia y emoción…es normal que esos jóvenes nunca consigan después una vida saludable y equilibrada. Uno de los capítulos más polémicos y contundentes de dicha obra titulada “Los Buitres”, afirma: “El periodista se alimenta hoy casi exclusivamente de cadáveres de reputaciones, de detritos, de escándalos de los restos mortales de las realizaciones humanas.

La prensa dejó hace mucho de informar, para solo seducir, agredir y manipular. El mencionado texto describe cómo los reporteros se desinteresan de la realidad, para centrarse solamente en el lado polémico y chocante. “solo la parte muerta y podrida de la realidad es la que llega a los periódicos.” Las conclusiones del tratado ya clásico, son arrasadoras. “No sorprende que, en medio de la prosperidad y abundancia, las grandes realizaciones del espíritu humano estén en decadencia, sostiene. La familia es discutida, la tradición olvidada, la religión abandonada, la cultura se banalizó, el folklore entró en caída libre, el arte es futíl…el autor concluye diciendo: No se trata de una decadencia, una “edad de las tinieblas” o el fin de la civilización, como tantos pregonan. Es solo una cuestión de obesidad. El hombre moderno está adiposo en el raciocinio y sentimientos. El mundo no precisa de reformas, desarrollo o progresos, precisa sobre todo de una “Una dieta mental”.

En mi modesta opinión, que el noble oficio del periodismo se haya vuelto incompresible y peligroso para la vida misma de los hombres y mujeres que ejercen con orgullo esta profesión, debe llamarnos la atención. Más allá de estar o no de acuerdo con el resultado del análisis de la polémica obra, el periodismo en general, debe promover con urgencia un debate en torno a lo que está ocurriendo en el mundo respecto a los peligros que rodean la labor de la prensa.  No debe haber día en que algún malhumorado mandatario latinoamericano se estrelle contra el periodismo, a quien le hecha la culpa de todos los males que los mismos gobiernos Chavistas no pueden resolver. Pero el colmo de este agravio ha salido del Vaticano.
En una sorpresiva intervención, el papa Benedicto XVI fustigó a los medios de comunicación por ofrecer una “imagen deformada” del Vaticano tras el escándalo por la filtración de documentos reservados y la detención del mayordomo de la “familia papal. Con todo ello, el periodismo debe someterse a un “mea culpa” en un proceso de reconversión que lo lleve a realizar una autoevaluación con profundas reflexiones sobre la labor y los efectos. Algo no está bien, porque no somos infalibles, aunque claro, alguien podría afirmar que cuando hablan mal o bien de alguien, es señal de que se está avanzando.

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