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Marcelo Ostria Trigo

¿Es inevitable la guerra en el Golfo Pérsico?


2012-02-08 - 19:59:53

La crisis de Oriente Medio se ha agudizado. Irán, el nuevo protagonista, activo y agresivo, está empeñado en un programa de desarrollo de energía nuclear, del que se sospecha que está orientado a producir armas atómicas, violando el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968, del que Irán es signatario. Este empeño coincidiría con dos objetivos: cambiar el equilibrio en la región, con un Irán como potencia dominante y eliminar “el régimen sionista (el de Israel, que) es un tumor canceroso”. Hasta ahora, el régimen iraní ha resistido las presiones para que acepte que el Organismo Internacional de Energía Atómica verifique sus objetivos nucleares. Tampoco ha renunciado a buscar la destrucción de Israel.

Las reticencias de Rusia y China para que se impongan más sanciones a Irán tampoco han significado apoyo a los propósitos de los ayatolás. El propio primer ministro chino, Wen Jiabao, acaba de manifestar su categórica objeción a la amenaza de Irán de bloquear el estrecho de Ormuz, por el que pasa entre el 35 y el 40% de los buques petroleros del mundo. A la vez declaró que “China se opone categóricamente a que Irán desarrolle y posea armas nucleares”.

El régimen iraní estaría sintiendo los efectos del bloqueo europeo a las compras de petróleo. Su “economía –afirma Javier Valenzuela en El País de Madrid, 05/02/12– está atascada, mientras se disparan la inflación y el desempleo”. Si esto fuera así y pesaría en el ánimo de los dirigentes iraníes, perdería fuerza la opción del ataque militar, puesto que una difícil situación económica obligaría a Teherán a negociar y, eventualmente, a renunciar a sus aspiraciones de convertirse en una potencia militar nuclear. Pero esto se muestra lejano, conociendo la obstinación de los ayatolás.

El programa iraní de producción de armas nucleares, el bloqueo de una vía marítima internacional esencial para el transporte de una buena parte del petróleo mundial y el propósito de destruir a un miembro de las Naciones Unidas (Israel) pueden –se dice también– estar orientadas a ocultar sus graves dificultades. Ya no es creíble la declaración de su jefe espiritual, Alí Jameneim, de que “la revolución iraní trajo la libertad y la dignidad al pueblo iraní y destruyó el régimen antislámico, y trajo un régimen islámico en su lugar... La dictadura fue cambiada por la democracia”.

Por otra parte, no es imaginable que un Estado amenazado, como Israel, de ser ‘borrado del mapa’, vaya a cruzarse de brazos, cuando ya enfrentó tres guerras provocadas para eliminarlo de la faz de la Tierra. Tampoco habrá quienes acepten que el dominio del petróleo sea usado como arma política que comprometa su bienestar.

Las alternativas: la presión económica internacional, que no siempre es efectiva, o la acción militar, sobre la que hay varias consideraciones y objeciones: ¿sería posible que solo con ataques aéreos se pueda destruir instalaciones nucleares, como las iraníes, que estarían protegidas bajo montañas en un país muy extenso? En tal caso, quedaría solo la opción de una invasión. ¿EEUU estaría dispuesto a una nueva aventura con un inmenso costo político y económico? ¿Israel, pese a que sienta que su existencia está en peligro, tendría la capacidad de llegar a Irán e invadirlo?

En 1990, cuando Saddam Hussein invadió Kuwait y se conformaba una coalición militar para enfrentar a Irak, un diplomático en Tel Aviv decía: “Esta será la guerra más deseada”. Quizá, hoy, esta no lo sea, pero es muy probable.

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