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Winston Estremadoiro

A contrapelo de los tiempos


2011-12-15 - 02:33:45

Un artículo de mi amigo Ramón Rocha Monroy me sumió en la depre. Ya envidiaba en secreto su pródiga producción literaria; ahora admiré su ubicuidad al leerlo en un suplemento de clara vena comercial. Lo que caló como estilete clavado hasta la cacha en mi presunción de letrado, fue que de diez títulos que recomendaba como indispensables en una biblioteca, apenas había leído dos.

Sostengo que la práctica hace al lector –y al escritor. Aireé mi ego herido reflexionando sobre esta Bolivia que presume de haber erradicado el analfabetismo, merced a la varita mágica de misiones cubanas. Sospecho que no se valieron de citas de Cabrera Infante o de Carpentier, sino de silabarios castristas. Mi sardonia se regodeó con que del “mi mamá me mima” inicial, se transitó a un “mi Fidel me falla”, después a un “mi Hugo me marea”, y terminó en un boliviano “mi Evo me mama”. Imagínense tales ocurrencias en treinta y tantos idiomas indígenas que fueran bendecidos como oficiales en la Constitución masista.

Menos mal que llegan aires del exterior que oxigenan el pesado ambiente indigenista del país. La pena es que enrostran cuán a contrapelo de los tiempos son algunas medidas populistas. Una de ellas es oficializar tantas lenguas indígenas, y vincularlas a la obligatoriedad de enseñarlas en el sistema educativo. No entienden que muchas ya no existen o son restos idiomáticos que enriquecen la jerga al incorporarse al lenguaje predominante, el español, a veces de por sí ya arcaico.

Brisa fresca del mundo exterior fue conocer de un estudio de la Fundación Telefónica, publicado no por la Real Academia Española (RAE), sino por la británica BBC; presentado no en Madrid, sino en el Instituto Cervantes de Nueva York. Según el estudio “El valor económico del español”, tener lengua común multiplica cuatro veces el intercambio comercial y por siete las inversiones entre países hispanohablantes.
Apunta que son 450 millones de hispanoparlantes en el mundo, 85% de ellos en el hemisferio occidental. Su capacidad de compra supera los USD 4,2 billones, equivalente al 9% del PIB mundial.
El español es el segundo idioma del mundo, sin contar a la superpoblada China obligada a hacer del mandarín su lengua oficial, con más de dos centenas de idiomas siníticos mutuamente ininteligibles a veces. La lengua de Cervantes suma 680 millones de páginas web, indicador del uso de la Internet, atrás de las 1,000 millones del inglés y las 900 millones del chino, pero adelante del alemán y del francés (500 millones), del ruso (menos de 400 millones) y del árabe (130 millones).

Para el año 2050, los Estados Unidos serán el país de habla hispana más grande del mundo y uno de cada tres estadounidenses será hispano. “Según previsiones de la Oficina del Censo de los Estados Unidos, para ese año vivirán en el país 132,8 millones de hispanos; cifra que triplica los 46,7 millones actuales”, explica la BBC.
Además, el español es la segunda lengua extranjera entre los países europeos, tanto en los países escandinavos como los de Europa Central y del Este, detrás del inglés, pero adelante del francés, el alemán y el italiano. 

¿Cómo andamos por casa? Bueno, nuestro país es el reino del revés. Mientras Brasil convierte al español en su segundo idioma, “con el objetivo de integrarse en un entorno hispanoparlante”, la Bolivia de Evo Morales insiste en una Torre de Babel de treinta y tantas lenguas indígenas. Pertinente la línea de una canción para chicos de la argentina María Elena Walsh: “Me dijeron que en el reino del revés, nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez”.

Para colmo de males, la BBC denomina al español como “una empresa multinacional” por los beneficios que atrae tal comunidad lingüística. En la Bolivia actual, la palabra multinacional es demonizada cuando proviene del exterior, pero oleada y sacramentada cuando de plurilingüe se trata al interior del país. Exactamente a contrapelo de los tiempos.   

Recordando imágenes del contexto conflictivo de la Constitución de La Calancha, pregunto si tantos gasificados, aporreados, heridos y muertos en la capital de la república, no fueron sino otra maniobra de un régimen ducho en distraer con fintas de una mano, y luego golpear con la otra. Su raíz populista le hace un gobierno de plazuela, que hurga “el clamor popular” para que el caudillo “ceda” ante la supuesta “presión de los movimientos sociales” –ahora los hay incondicionales y otros no tan llunq’us- para dar marcha atrás. La Constitución y las leyes se convierten en papel mojado cuando contrarían la voluntad del jefazo.

Para ilustrarlo basta la llamada Ley Corta, que vetó la carretera que atravesaba como un lanzazo al Tipnis. Más temprano que tarde será ley cortada y la reserva natural, mutilada. El Presidente no perderá la  oportunidad de someterse al criterio de ignaros, luego de aleccionarlos a favor de la carretera; el Vice hace de caja de resonancia.
El gobernador cochabambino arreó multitudes a corear consignas depredadoras.
¿Es ahora el turno de los idiomas indígenas, treinta y tantos de ellos, que fueran proclamados como oficiales en la Constitución de La Calancha? Porque en la muerte anunciada del Tipnis, tres de los idiomas autóctonos –mojeño, chimán y Yuracaré- sancionados por la Constitución masista, serán avasallados por los “quechuaymara”, los cocaleros del Chapare. ¿Será indicio de que el régimen se sacará al fin la careta plurilingüe y “originaria”?    
 
www.winstonestremadoiro.com
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