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Susana Seleme Antelo

“El Arte de la guerra”, o el arte de la mentira


2011-01-06 - 13:05:54

El arte de mentir forma parte de “El Arte la  guerra”, ese clásico,  milenario y conciso compendio del chino Sun Tzu, para quien “Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño”. Y si asumimos que la guerra es la continuación de la política por otros medios, según dijo Klaus von Clausewitz,  y como le gusta recordar al ‘Vice’, se podría concluir que el MAS y los hombres del Presidente Evo Morales andan en guerra contra la mayoría de bolivianas y bolivianos.

Si no, veamos qué ha pasado en este quinquenio Evo-masista. Morales y los hombres del MAS construyeron su hegemonía política, sobe la base del engaño, la mentira, la farsa y la simulación arteras. Aquí no hubo apuesta por las 36 naciones indígenas-originarias-campesinas, sino solo por una: la aymara, de modo que el Estado Plurinacional no es pluri sino uni. ¡Vaya guía espiritual de los pueblos indígenas de América!

Tampoco hubo nacionalización de hidrocarburos –aunque sí una readecuación impositiva con las petroleras- pero, sin inversión extranjera; la bravuconada de industrialización del gas fue otra mentira, como también lo fue la industrialización del hierro y del litio que encaminarían a Bolivia a ser otra Suiza, según pronosticó Morales. Tampoco tuvo lugar  el anuncio de la economía comunitaria o el capitalismo andino amazónico, del ‘Vice’ que nunca supimos qué eran, ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. ¡Puro embuste ideológico!
 
Para rescatar algunos de los rasgos más determinantes del quinquenio Evo-masista,  me valgo de refranes de la cultura popular: uno apunta a que “no todo lo que brilla es oro”,  otro a que “quien a hierro  mata, a hierro muere”.  Vayamos por el primero. El brillo que envolvió a Morales en diciembre de 2005 se oxidó, como todo aquello que con el tiempo desnuda sus impurezas e imperfecciones.  Así, el supuesto “primer indio presidente en Bolivia” y el consiguiente ascenso de  nuevas élites indomestizas al poder, el viaje a Europa, la chompa a rayas, la promesas de llevar a Bolivia a mejor destino para “vivir bien”, el pueril discurso pachamamistas, mientras los cultivos de hoja de coca crecen como hongos con el consiguiente deterioro de los suelos y la invasión de reservas y parques nacionales demostraron ser sólo eso: promesas. Es decir,  más fanfarria-chafalonesca que oro de buena ley, como la satanización al neoliberalismo y sus políticas imperialistas.

Como toda farsa populista y demagógica, la del MAS desnudó su impostura antineoliberal al aprobar el grosero incremento en el precio de los carburantes, vía política de “shock” al mejor estilo de la aborrecida economía capitalista de libre mercado: el gasolinazo aquí y en todas partes del mundo resulta un impuesto indirecto que afecta a los más pobres, a sus ya magros salarios y a toda la población, sin exclusión de clases ni etnias. La vehemente justificación para defender esa neoliberal medida, resultó infantil y ridícula al achacar al contrabando hasta “en botellas y en cinturones pegados al cuerpo” la necesidad de ‘nivelar precios’, cuando sabemos del acuerdo con las petroleras: pagarles más, a cambio de que  inviertan para aumentar las reservas de gas, que hoy solo alcanzan a los próximos 9 años. 

Uno de las mayores fracasos del quinquenio  Evo-masista ha sido la política de hidrocarburos. Porque una cosa es sincerarse y reconocer que la subvención a los carburantes es una sangría, y otra pretender pararla como los vilipendiados neoliberales. Otro ha sido la política de seguridad alimentaria, tanto que para destruir a la burguesía agroindustrial cruceña –la piedra en el zapato de los más radicales masistas-  hoy Bolivia importa alimentos y gasta divisas que bien podría destinar a luchar contra la pobreza, su principal y mayor adversidad. Condición que no es un destino y por lo tanto sí puede cambiarse, si es coherente sin estar sometido, como están Morales y el MAS a los desvaríos de intelectuales que se dicen de izquierda y resultan pequeño burgueses radicales sin más proyecto que un proyecto político hacia el poder total autoritario y totalitario, sin base económica.
 
Morales y sus hombres quedaron como impostores, mentirosos y engañifles a los ojos de las siempre combativas y paupérrimas masas populares de El Alto, La Paz, Potosí, Oruro, Cochabamba y Chuquisaca, ante semejante atentado a su economía popular: incrementar los carburantes ente 57 y 82 %. Esas masas han sido responsables de las sucesivas victorias electorales de Morales y el MAS, frente al Oriente autonomista, donde nunca ganaron elección alguna y donde, contradictoriamente,  las movilizaciones contra el ‘gasolinazo’  fueron las más débiles. Y lo fueron por la dispersión, temores y cálculos políticos de una dirigencia amedrentada con las guillotinas político judiciales del montaje terrorista-separatista del fiscal Sosa y sus mentores, y otras dirigencias sometidas a  la politización de la justicia que impone el MAS ‘para aplastar’ a los opositores y a los de la competencia, como el caso de Humberto Roca  y Aérosur, frente a la estatal BoA.

La ley de la contradicción pasa factura: el quinquenio perdido

Como toda las masas, las bolivianas disponen de poder y mucho de movilización,  pero son sensible a sus intereses, como todo humanos, y son adherentes políticas ‘movibles’ y sensibles a la prebenda: al no tener organización política alguna cambian de objeto político de acuerdo a sus demandas. Aquellas masas que han otorgado tantos triunfos a Morales –como a otros anteriores- fueron las mismas que en 2003 derrocaron, entre la espontaneidad, la dirección del MAS y otros actores, a un presidente democráticamente electo en 2002.
Esas mismas masas y los mismos dirigentes impidieron luego la constitucional sucesión gubernamental –que hubiera recaído en un cruceño ya fallecido, Hormando Vaca Díez, o en un tarijeño hoy perseguido político y exiliado como Mario Cossío.  Esas masas terminaron derrocando al controvertido sucesor de aquel gobierno electo –Carlos Mesa- allanando el camino del indomestizo Evo Morales a la presidencia. Era la tendencia general de la sociedad boliviana ¡bienvenida! pero no a costa del resto de la totalidad y la diversa  realidad de su rico tejido social.

Pero, hete aquí que son esas mismísimas masas las que sacudieron la enervante soberbia de Morales al rechazar, como saben hacerlo: con rabia, irracionalidad y estallidos de violencia, la impopular medida, al punto de obligarlo a su anulación. Al abrogarla, Morales desnudó la irresponsabilidad, ineficiencia, improvisación   y nada eficaz gestión económica de su gobierno, con graves problemas de toda índole, a pesar de los tan cacareados $us 10 mil millones de reservas, más producto de un factor externo, los precios de las materias primas, y no sobre el desarrollo de las fueraza productivas 

Esas masas no solo hicieron tambalear al gobierno con disturbios, movilizaciones, actos de repudios y asaltos a propiedades públicas, sino que también quemaron fotos de Morales y le pidieron su renuncia.  ¡Qué sopapo político! De esos que producen dolores y remezones  sin paliativos. Y aquí cabe el otro refrán popular: “quien a hierro mata, a hierro muere”. Con las mismas armas que aquellas masas lo auparon al poder, derrocando a más de un presidente, esta vez no lo derrocaron a él, pero ya saben que pueden hacerlo. Han herido al presidente en su más íntimo resguardo: su autoridad, su credibilidad su amor propio que quedan maltrechos ante esas mismas masas, ante el país, y ante el mundo.

El  “gobierno del cambio”  está siendo prisionero de la contradicción que le imponen las masas y los movimientos sociales: le ‘doblaron el codo al presidente’ que queda herido y deja otra constatación: ni Morales, ni García Linera ni los hombres y mujeres del MAS tenían proyecto de país, ni proyecto económico productivo, ni nada razonablemente aplicable, sin destruir lo ya existente, más allá de las conocidas desigualdades del capitalismo, en este caso el periférico. Podían haberlo hecho más humanamente equitativo para luchar contra la pobreza, como Lula da Silva, en Brasil, Tabaré  Vázquez  o José Mujica en Uruguay,  sobre bases productivas reales, con inversiones y control del Estado para una redistribución más universal de la riqueza.

El del MAS fue un proyecto de poder por el poder, basado en delirios étnico ideológicos de tal manera confusos, contradictorios y de lucha internas que al cabo del quinquenio dejan la sensación de un tiempo perdido. Y  “El tiempo perdido nunca se vuelve a encontrar, como decía  Benjamin Franklin: no tomaron en cuenta las múltiples determinaciones de la diversa y abigarrada realidad boliviana y hoy tenemos un país más dividido y racialmente confrontado de palabra y obra, con leyes como lucha contra el racismo y toda forma de discriminación, que apunta a cortar la libertad de prensa y el pensamiento crítico, o como la ley educativa Avelino Siñani, pensada sobre la basa del etnocentrismo aymara obviado la totalidad.

Hoy tenemos un país con cero institucionalidad democrática, luego de tanto años de su difícil construcción, con menos respeto a los Derechos Humanos, un Estado de Derecho que hace aguas y una economía sin rumbo. ¡Qué izquierda  más elemental esta izquierda del MAS!  no tomó en cuenta que la economía es la determinante en  última instancia y que de la ley de la contradicción, es decir de la dialéctica en su lucha de su contrarios,  debería salir la síntesis que contenga a la Bolivia total y la proyecte al futuro.  De la ideología no se come ni se sale de la pobreza, ni se recupera  este quinquenio perdido basado en el engaño y la mentira,  como en la guerra.

El problema del MAS y sus hombres es que, como decía Gustav Flaubert: el pasado los encadena a un imaginario mudo aymara, que lo suponen engañosamente socialista y bucólico;  el futuro los tortura porque no tienen proyecto país, solo proyecto de poder por el poder,  por eso se les escapa el presente, como este quinquenio perdido, convulso sin gestión ni planificación  económica, sin proyecto de país, sin política exterior coherente, con un lacerante desconocimiento de la realidad y sus contradicciones.
 
Pues sí, no todo lo que brilla es oro,  pero ya sabemos que el los movimientos pueden ‘matar’  y que  como en este caso ‘herir ‘ políticamente sin matar.  En todo caso, esos movimientos han contribuido a que el quinquenio Evo-masista, sea un quinquenio perdido en la mentira y el engaño: ¡ese tiempo no se recupera más!

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